El Che tendrá dos apariciones breves en “Happy a 90 Millas”, una en un escenario histórico y la otra en un sueño, por lo que decidí hacer aIgunos dibujos para familiarizarme con sus rasgos.

Aquí lo tenemos, una de las figuras más polarizantes de Latinoamérica. En Europa y en importantes regiones de los Estados Unidos no se presenta esta polarización, el consenso es que el Che fue el “Jesucristo laico”, un luchador intachable en pro de la justicia, un paladín en defensa de los oprimidos y, lo más importante, “auténtico”.
En Latinoamérica, donde tiene más seguidores, tanto casuales como apasionados, existen también muchas personas que han sufrido los efectos de la violencia generada por el Che y otros inspirados por él.
No hablo de dictadores con botas brillantes como Batista o de sus esbirros, quienes fueron ejecutados cuando triunfó la revolución. Me refiero a las personas de la clase media que fueron a prisión y luego asesinadas por disentir y oponerse de manera activa al comunismo. A los que se enfrentaron al dilema de convertirse en guardianes de un estado totalitario o ser identificados como criminales. A los padres que perdieron a sus hijos ya fueran soldados, policías de un gobierno burgués o aquellos seducidos por el ejemplo del Che de tomar las colinas con un arma y luchar contra sus compatriotas en las insurrecciones armadas y en los actos terroristas que él, directa o indirectamente, exportó.
¿Cuántas vidas ha destruido la violencia política que ha devastado Latinoamérica en los últimos cincuenta años?
El significado de lo que representa el Che difiere de persona a persona. El médico argentino víctima del asma que se convirtió en la imagen de la Revolución Cubana hace mucho dejó de ser un mortal para trascender al plano de las leyendas, donde, por lo general, es odiado o idolatrado. Su imagen tomada de la famosa foto de Alberto Korda, adorna las camisetas y las habitaciones de innumerables adolescentes de todo el mundo.
“La marca Che” ha sido completamente aceptada y adaptada por la cultura del consumismo que él tanto despreciaba, a la vez que forma parte de las fantasias de los rebeldes y radicales de todas los confines conscientes de que nunca tendrán la capacidad de ser tan radicales como él.
Él no es el Che para mí. Simplemente es Ernesto Guevara de La Serna, un ser humano capaz de cometer errores cuya identidad inflada y soberbia lo llevó a ponerle una pistola en la cabeza a cualquiera que se opusiera a su cosmovisión, y a sentirse consagrado al halar del gatillo. Es decir, un extremista más, armado y con una sagrada misión. En este sentido él es más una continuación de los conquistadores españoles que los indios que ambos se propusieron “liberar”.
Donde otros ven su amor por los pobres, yo observo ese amor utilizado como un subterfugio para desplegar su capacidad inmensa para el odio. Sólo el odio te puede colocar en una posición tan dura y fanática en la que cualquiera, incluso uno mismo, estaría mejor muerto que “equivocado”. Todo al servicio de las ideas que se alimentan de la sangre y reducen la vida humana a una materia de desecho que es el costo de proyectos mesiánicos fallidos como la Revolución Cubana.
No creo que sea necesario ser muy conservador o anticomunista para darse cuenta de que su ejemplo es intolerante, antidemocrático y, en el fondo, inútil.

No obstante, sus admiradores y yo estamos de acuerdo en que él fue alguien auténtico, especialmente fiel a sus ideales y que no censuró la brutalidad de su proceso de pensamiento. Esto me hace pensar que mucha de la idealización alrededor de su figura se debe principalmente a una gran falta de comprensión e información. Estoy seguro de que si los más superficiales de sus seguidores pudieran, por obra de un milagro, conversar con su ídolo, a los diez minutos estallarían en lágrimas espantados por la implacable crueldad del pensamiento del Sr. Guevara.
En 1958 al entrar los rebeldes en La Habana se llevaron a cabo más de 150 ejecuciones en la prisión de La Cabaña, las cuales estuvieron bajo la supervision del Che. Éste hizo que todos los visitantes caminaran por el patio para observar como los pelotones de fusilamiento habían dejado las paredes manchadas de la sangre y con los restos de cerebro de los fusilados.
Una anécdota nos cuenta como una mujer fue a implorarle al Che por la vida de su marido quien había sido oficial del ejército de Batista y sentenciado a morir en tres días. Al escuchar la súplica de dicha mujer, Guevara le respondió que no tenía sentido alargar su sufrimiento por tres días más, él se encargaría que el marido fuera ejecutado esa misma tarde. ¿Es una historia verdadera? Por lo menos, es consecuente con su actitud documentada en los escritos y discursos de su autoría.
“Para enviar hombres al paredón de fusilamiento el poder judicial no necesita demostrar nada… Estos procedimientos son arcaicos y burgueses. ¡Esta es una revolución! y un revolucionario se debe convertir en una máquina fría de asesinar motivado por el odio puro. Debemos crear la pedagogía del Paredón”.
Ernesto Che Guevara cuando ordenó la ejecución del Coronel Rojas sin proceso judicial en 1959.
“El odio como factor de lucha; el odio intransigente hacia el enemigo que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una máquina de matar eficaz, violenta, selectiva y fría. Así deben ser nuestros soldados; un pueblo sin odio no puede vencer a un enemigo brutal“.
Del mensaje de Ernesto Che Guevara a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, año 1967.
Para leer el excelente artículo sobre el lado oscuro del Che por Alvaro Vargas Llosa, favor hacer click AQUI



